sábado, 26 de agosto de 2017

Res. de la Parashá Shoftim

Moshé procedió a repasar las normas necesarias para asegurar las condiciones de una sociedad civilizada. En cada ciudad debían nombrarse jueces y funcionarios locales, y la justicia debía ser administrada correcta e imparcialmente. 
En consecuencia, un juez tenía prohibido mostrar parcialidad o aceptar sobornos. Si un juez local encontrara un caso muy difícil de resolver, debía derivarlo a una autoridad superior, es decir, a los cohanim y la Suprema Corte, con asiento en el Santuario. Su decisión era definitiva y la negativa a acatarla podía ser castigada con la muerte.
El pecado de idolatría, determinado luego de una amplia investigación, era castigado con la muerte por apedreamiento. El acusado no podía ser condenado por el testimonio de un solo testigo. Se requerían por lo menos dos, los cuales eran los primeros en llevar a cabo la ejecución.
Moshé vaticinó que llegaría el tiempo en que los judíos desearían que los gobernara un rey, como ocurría con otras naciones. Cuando esto suciediera, el rey debería ser un israelita nativo elegido por D-s. No debería abusar de su poder para acopiar muchos caballos, mantener un harén o acumular grandes riquezas, y tendría que escribir una copia de la Torá, de modo que fuera temeroso de D-s y observante de la Ley.
Después de enumaerar los presentes que debían recibir los sacerdotes para su sostén, Moshé dispuso que si un cohén de otra ciudad llegara al Santuario, se le permitiría oficiar junto con los demás cohanim y obtener parte de los obsequios que estos recibían.
La Torá prohibe todas las formas de superstición y "magia" practicadas por un adivino. Israel no tenía necesidad de recurrir a tales trucos pues el Señor le proveería de inspirados profetas surgidos de entre los propios israelitas. Ellos debían comunicarles la voluntad de D-s. Los falsos profetas que hablaran en nombre de ídolos debían ser castigados con la muerte. El falso vidente podía ser descubierto al no cumplirse sus predicciones.

La remoción de un mojón para ampliar una propiedad era considerada robo. Antes de que alguien pudiera ser convicto de un crimen, su acto criminal debían ser confirmado por dos testigos, por lo menos. Si se descubría que un testigo había levantado falso testimonio, debía recibir el castigo destinado a la víctima inocente.
Los israelitas no debían atemorizarse antes de entrar en batalla contra un enemigo poderoso, pues el Señor los protegería. Tres categorías de hombres estaban exceptuados del servicio militar: el que recién habían construido una casa y aún no la había inaugurado; el que habían plantado un viñedo pero no había alcanzado a disfrutar de su producción, y el recién casado.
Antes de atacar una ciudad hostil, Israel debía tratar de negociar una entrada pacífica, en cuyo caso los habitantes se convertirían en sus subordinados. 

Sólo si este intento pacífico fracasara, podía emprenderse la guerra. Si Israel venciese, todos los hombres del ejército enemigo serían ejectuados, pero sus mujeres e hijos serían dejados con vida. No debían destruirse los árboles frutales durante un asedio si había otros alimentos disponibles, a fin de que continuaran beneficiando a los nuevos habitantes de la ciudad conquistada.
Si se encontraba en el campo el cuerpo de una persona asesinada y no se podía descubrir al asesino, la responsabilidad por el asesinato recaía sobre la ciudad más cercana a la escena del crimen. Como expiación, los jueces y ancianos de la ciudad, actuando en nombre de los demás habitantes, debían sacrificar una vaquilona joven en un valle no cultivado por el que pasaba una corriente de agua. Entonces debían lavarse las manos en presencia de cohanim, atestiguar que de ningún modo eran responsables por el asesinato y rezar solicitando el perdón del S-ñor.

miércoles, 23 de agosto de 2017

El poder de la palabra Amén

La Decisión de Rabí Moshe Feinstein

EN EL CORAZÓN del hospital Maayanei HaYeshuá de Bnei Brak, se estudia la Torá en un kolel (Seminarios de Torá) muy especial. Establecido por el Dr. Moshé Rothschild, fundador del hospital, el kolel fue designado para que un grupo de talmidei jajamim (estudiosos sobresalientes) estudien los complejos aspectos relacionados con las halajot (leyes) de las distintas situaciones que se presentan en el hospital. 

Rabí Israel Zijerman shlita, el Rab de Brajfeld, Kiriat Sefer, es un ex miembro de ese kolel. Mientras formaba parte del kolel, él conoció a un médico que acababa de hacer aliá desde los Estados Unidos. Ese hombre había crecido en una familia completamente asimilada, en una zona del país totalmente carente de judaísmo. El Rab Zijerman sintió curiosidad por saber qué había inspirado a un hombre como él a volver a las fuentes, y el médico, de muy buen gusto, aceptó compartir con él una historia extraordinaria. 

* * * 

Hace aproximadamente dieciocho años atendí a un paciente terminal, cuyo cuerpo poco a poco iba dejando de funcionar; no cabía ninguna duda de que tenía los días contados. 

Luego de debatir el caso con diversos especialistas, les presenté al paciente y a su familia la siguiente opción: existía la posibilidad de someterlo a una complicada cirugía que podría prolongarle la vida seis meses más, pero sería un procedimiento caro y muy doloroso. Nunca me resulta fácil cuando debo dejar que mis pacientes tomen decisiones tan difíciles. Yo comprendí el angustiante dilema que había depositado sobre los hombros de ese pobre hombre y esperé tenso su respuesta. "No es una decisión que pueda tomar yo solo", respondió con calma el hombre. "Rabí Moshe Feinstein es el único que puede responder a este interrogante". 

Entonces, me ofrecí a acompañarlo y a presentar personalmente las complicaciones del caso ante el Rab Feinstein. En realidad, debo admitir que mi ofrecimiento no estaba libre de motivos ulteriores: yo estaba interesado en ver cómo resolvía el Rab esa situación. Era la primera vez que tenía la oportunidad de consultar a un Rabino tan importante. Con gran respeto, yo le presenté el tema, sin olvidar ningún detalle, explicando las dificultades que éste comprendía. Y lo que ocurrió a continuación quedará por siempre grabado en mi memoria: después de escuchar todo con suma atención, el Rab Feinstein se puso a llorar. 

Él lloró con lágrimas verdaderas, lágrimas de dolor, de amargura; su llanto se podía oír en toda la habitación y se prolongó unos veinte minutos. Como profesional, sé que gradualmente uno aprende a tomar distancia y que los años de experiencia anulan nuestra sensibilidad. Sin embargo, ese Rab, que se entrevistaba a diario con una innumerable cantidad de personas, se había emocionado intensamente ante la situación que atravesaba mi paciente, a pesar de que éste no era ni pariente suyo ni un discípulo cercano, sino sólo un alumno de muchos años atrás. Finalmente, Rab Moshe dijo que antes de tomar una decisión con respecto a un tema tan difícil, necesitaba un día para meditar detenidamente sobre el caso. 

Al día siguiente ambos regresamos a ver a Rab Moshe, quien nos saludó cálidamente, y con confianza y serenidad le dijo al paciente: "Sométete a la cirugía. Todos vamos a rezar por ti y Le pediremos a Hashem que te otorgue muchos años más de vida". 

La expresión de mi rostro debe de haber revelado mi escepticismo, porque luego el Rab Feinstein me dijo: "Durante los seis meses de vida que esta cirugía le otorgará a nuestro amigo, él podrá responder Amén a muchas berajot y cada Amén creará para él un ángel guardián. Entonces, estos ángeles saldrán en su defensa en la Corte Celestial y gracias a su mérito se le otorgará una larga vida". 

Al terminar su relato, el médico explicó: "Ese encuentro con el tzadik y su respuesta a mi pregunta me tocó algo en el corazón. ¡Imagínese! No cabía duda de que el Rab Feinstein había comprendido la penosa experiencia que este paciente terminal debería enfrentar y de todas formas, él entendió que valía la pena que el paciente viviera un poquito más para que pudiera pronunciar unas pocas palabras. Aún más, ¡el Rab Feinstein creía que estas palabras podrían alterar el curso de la naturaleza! En ese momento comprendí que debía haber algo más profundo con relación al cumplimiento de la Torá y las mitzvot. En efecto, aquel paciente superó durante varios años el sombrío pronóstico.  

domingo, 20 de agosto de 2017

Elul: El tiempo es ahora

Las fuentes cabalísticas enseñan que el nombre divino de "Havaya", que normalmente se escribe "Yod", "Heh", "Vav" y "Heh", se puede configurar de doce maneras diferentes, reorganizando las cuatro letras. Cada configuración corresponde a uno de los doce meses del calendario hebreo, y también se alude en un verso en el Tanaj. Se desprende, pues, que cada mes se asocia a un cierto verso, y al comprender la conexión entre un mes y su correspondiente verso, podemos obtener una mayor comprensión del tema central y la naturaleza esencial de ese mes.

La configuración asociada con el mes de Elul, se nos enseña, es "Heh", "Heh", "Vav" y "Yod." Esta ortografía se alude en un versículo en Sefer Debarim (6:25)  “U’sdaka Tiheye Lanu Ki Nishmor La’asot Et Kol Ha’misva Ha’zot” "-" Será beneficioso para nosotros cuando nos aseguremos de llevar a cabo toda esta ley. "Las últimas letras de las primeras cuatro palabras de este verso -“U’sdaka Tiheye Lanu Ki”- son" Heh "," Heh "," Vav "y" Yod ", aludiendo así a la configuración asociada con el mes de Elul. Nos corresponde, pues, comprender la conexión entre este versículo y Elul.


El Ben Ish Hai (Rav Yosef Haim de Bagdad, 1833-1909), en su obra Od Yosef Hai, explica que la respuesta a esta pregunta se encuentra en las palabras finales de este verso - "Lifneh Hashem Elokenu", que literalmente significa, "Ante Hashem nuestro Di-s". En un nivel más profundo, el Ben Ish Hai escribe, esto se refiere al período de Elul, que viene "delante de Hashem nuestro Di-s" - en las semanas que preceden el día de Rosh Hashaná, cuando coronamos al Todopoderoso Como nuestro Rey. Este es el momento crítico para nosotros cuando tenemos la oportunidad de arrepentirnos y así ganar un juicio favorable sobre Rosh Hashaná. El Ben Ish Hai señala que la palabra "Lanu" en este versículo tiene el mismo valor numérico (86) que el nombre divino "Elokim", que se asocia con el atributo de dios de juicio duro. 


La frase "U'sdaka Tiheye Lanu" se puede leer así para significar que somos capaces de transformar el "Lanu" - el juicio áspero - en "Sedaka", bondad y generosidad. Hacemos esto cuando nos aseguramos de observar "Ha'misva Ha'zot" (literalmente, "esta ley") antes de Rosh Hashaná. La palabra "Zot", escribe Ben Ish Hai, tiene el valor numérico de 408, que es el valor numérico combinado de las palabras "Som" (ayuno), "Mamón" (dinero) y "Kol" (voz). Estos son los términos usados ​​por los cabalistas para referirse a las tres áreas sobre las cuales necesitamos enfocarnos para ganar un juicio favorable: arrepentimiento (ayuno), caridad (dinero) y oración (voz). Si nos aseguramos de comenzar este proceso en tres frentes "Lifneh Hashem Elokenu", en las semanas previas a Rosh Hashaná, entonces podemos transformar el atributo de Di-s de justicia dura en misericordia, compasión y bondad.

No esperemos, pues, hasta Rosh Hashaná. Sólo los "retardatarios" comienzan su proceso de introspección y arrepentimiento en Rosh Hashaná. Tenemos que comenzar ahora, con el inicio del mes de Elul, asistiendo a las oraciones de Selihot cada mañana, aumentando nuestras donaciones de caridad y mirando hacia nosotros mismos para identificar dónde debemos mejorar. Al iniciar este proceso ya, podemos ayudar a asegurar que ganaremos la gracia y amabilidad de Di-s, y seremos dignos de un Ketiba Va'hatima Tova, y un año lleno de felicidad, salud y prosperidad, Amén.

domingo, 13 de agosto de 2017

Parashat Ree

Parashat Ree: El monte Gerizim y el monte Ebal


En el principio de Parashat Ree, Moshe Rabenu instruye a Benei Yisrael que después de que entren en Eretz Israel, deben ir al sitio de dos montañas adyacentes - Monte Gerizim y Monte Ebal. Mientras se enfrentan al monte Gerizim, deben declarar una bendición sobre aquellos que observan el Mitzvot, y mientras enfrentan el monte Ebal deben declarar una maldición sobre los que desobedecen los mandamientos de Di-s.

Nuestros rabinos enseñan que hay dos tipos de ángeles:

1) Los que nos defienden ante Di-s ("Sanegor"),
y 2) los que nos procesan en contra ("Kategor").

Además, diferentes lugares en Eretz Yisrael tienen diferentes poderes espirituales. Hay algunos lugares que están dominados por la calidad de la justicia estricta, donde los ángeles acusadores tienen mayor poder, y otros lugares que se caracterizan por la calidad de la misericordia, donde los ángeles defensores son más fuertes. El Monte Gerizim es un sitio de Misericordia Divina, mientras que el Monte Ebal es un sitio de Juicio Divino. Por lo tanto, Benei Yisrael proclamó una maldición sobre los que violan el Mitzvot en el monte Ebal, el sitio de los ángeles de la acusación, y una bendición sobre los que defienden el Mitzvot en el monte Gerizim, el sitio de los ángeles defensores.

La estrategia que debemos emplear para tratar de restringir a los ángeles enjuiciamiento es atraerlos hacia nuestro lado. Imagine un tribunal que se reúna para juzgar a una persona que es acusada de varios delitos, y el fiscal comienza levantándose y proclamando que cree que el acusado es inocente. Obviamente, en el momento en que sucede, el caso está cerrado. Si el fiscal no presenta cargos contra el acusado, entonces no hay ningún caso. Y esto es cierto también en el Tribunal Celestial. Si los ángeles acusadores vienen a nuestra defensa, o si podemos hacerlos callar, entonces no hay ningún caso contra nosotros.

Esto es lo que buscamos lograr cuando nos acercamos a un Tzadik para una Beraja. Su trabajo es restringir el Kategor, y traerlo a nuestro lado para que no se emita juicio duro contra nosotros.

Para que el Tzadik haga esto, dos cosas tienen que suceder. Primero, necesitamos reforzar nuestra fe en Di-s como el que determina nuestro destino. A menudo olvidamos que nuestras vidas y bienestar están en manos de Di-s, y creemos en cambio que estamos en pleno control sobre lo que sucede en nuestras vidas. No podemos recibir Beraja de Di-s hasta que reforcemos nuestra creencia en la providencia, que nuestro destino está en Sus manos. Esta creencia se conoce como "Yihud" - creencia en la Unicidad del Creador. En segundo lugar, necesitamos cultivar Kedusha. Los grandes rabinos se aseguran antes de ir dondequiera que la gente allí se viste según estándares apropiados de Kedusha, porque no quieren estar en alguna parte impura. Esto también es cierto para el Todopoderoso; No estará presente en lugares donde no haya Kedusha. Una vez que hayamos logrado estos dos objetivos - fortalecer nuestra fe en "Yihud", y establecer estándares apropiados de Kedusha - entonces podemos recibir Beraja, -la bendición- ilimitada de Di-s.

Las primeras letras de estas tres palabras - "Yihud", "Kedusha", "Beraja" - son "Yod", "Kof" y "Bet", que tienen un valor numérico combinado de 112 - que es el mismo valor numérico al de La palabra "Ebal". A través de este proceso, de reafirmar nuestra fe en la providencia divina y de elevar nuestros estándares de Kedusha, podemos tomar "Ebal", los ángeles y las fuerzas del juicio, Y traerlos a nuestro lado. Este es el secreto para evitar el "enjuiciamiento", para asegurar que Di-s se ve favorablemente sobre nosotros y conceda Beraja abundante para nosotros, nuestras familias y todos los Am Yisrael.



domingo, 6 de agosto de 2017

Parashá Ekev

¿Qué significa eso de temer a Di-s?
Comentario a la  de esta semana Ekev
¿Es preciso vivir en una situación de continuo pánico para ser un buen Judío? Si una persona vive una vida honesta, alegre y tranquila cumpliendo el resto de los Mitzvot... ¿deja de ser un buen judío?
Lamentablemente nos encontramos frecuentemente con personas que viven su “judaísmo” de esta manera. Es decir, creen entender que Di-s está ocupado buscando oportunidades de enojarse con nosotros y, cuando obran de modo que creen correcto y dejan de hacer las que acciones que entienden equivocadas, es porque esgrimen que “es pecado, es ‘jaram’, D”s te va a castigar”.
Este modo de actuar no es “Judaísmo”. En todo caso, está más cercano a la superstición, y es básicamente la manera de pensar que tenían los idólatras de todos los tiempos y alejó a muchos judíos pensantes de su judaísmo (la gente no quiere vivir su vida creyendo que será castigada por todo lo que hace). Esto no quiere decir que los castigos no existan. Justo por lo contrario: existen, y son mucho más “reales” de lo que podemos imaginar.
La Torá es muy clara al respecto. No obstante, esta no es al razón por la cual debemos obedecer los preceptos.
El temor al cual nos ordena la Torá no es un terror y angustia por el castigo, sino - en primer lugar - una aprensión a arruinar todo lo bueno. Cada individuo posee un vínculo personal con Di-s y una misión específica que debe cumplir. El temor genuino pasa por la conciencia de la perspectiva de faltar a la expectativa y la “inversión” depositada por Di-s en cada uno de nosotros.



EL ALMA Y EL CUERPO

El emperador Antonino le dijo una vez a Rabí Iehuda -El alma y el cuerpo se pueden liberar de los castigos en el otro mundo, por los pecados que el ser humano comete. 

¿De qué manera? El cuerpo puede decir: -El alma pecó, ¿que puedo hacer sin el alma? valga como ejemplo que desde que el alma me abandonó, estoy en el sepulcro, solo como una piedra”. El alma puede decir:-el cuerpo pecó; se puede ver que desde que dejé al cuerpo vuelo libremente como un pájaro limpio de pecados”. -Te responderé con un ejemplo -dijo Rabí- Un rey, tenía un hermoso viñedo, en el que había frutos apetitosos. Colocó allí dos guardias, uno era rengo y el otro ciego. Entonces el primero le dijo al segundo: -veo que hay hermosos frutos, déjame subir sobre tus espaldas y así podremos allegarnos y comerlos”. Y así lo hicieron. Un tiempo después, vino el rey y preguntó:” ¿Dónde están los hermosos frutos? Entonces el ciego dijo: “-yo soy ciego y no puedo ver” y el rengo dijo: ”soy rengo, así que de ninguna manera podría arrancar los frutos”.Entonces el rey montó al rengo sobre el ciego y los juzgó como si fueran una sola persona. 

Y así hará el Eterno: Hará entrar el alma en el cuerpo muerto y los juzgará conjuntamente. 

Tratado Sanhedrin, 91

sábado, 5 de agosto de 2017

Recuperar nuestra esencia

Antes del Baal Shem Tov, los tzadikim ocultos estaban desperdigados y no tenían un plan de acción organizado. A partir de su ingreso, comenzaron una serie de campañas con un objetivo concreto. 

La esencia de la primera campaña era enseñar al pueblo cómo relacionarse con el otro, por que cuando uno se encuentra con otra persona en la calle no es por accidente, es por Providencia Divina, para que nos interesemos genuinamente en nuestro prójimo Judío.

Para profundizar en esto, nos referiremos a una mitzvá de La Torá que nos ordena no ignorar los objetos encontrados en los espacios públicos, a pesar de que pueda demandar un tremendo esfuerzo y tiempo poder devolverlos sus verdaderos dueños que lo han extraviado.

Al instruirnos que no ignoremos los objetos perdidos, un mandamiento llamado "hashavat aveidá", la Torá nos da a entender que cada vez nos ocurre el "accidente" de encontrar algo perdido es un ejemplo de la Providencia personal que el Todopoderoso exhibe en las vidas de cada uno de nosotros.

Similarmente, al "encontrar" en la calle a un judío "perdido", está prohibido ignorarlo como persona y a sus necesidades físicas o espirituales. Cuando dos personas se encuentran en el camino, es una oportunidad de oro para ayudar al otro a "recuperar" parte de su ser.

Rabino Yitzchak Ginsburgh